Podría definirse como sexo minimalista, porque ha sido reducido a lo esencial. Y sin menospreciar los genitales ni el resto del cuerpo, en este caso lo esencial es la imaginación. No hay falo, ni clítoris, ni vagina, ni juguetes sexuales, ni siquiera una caricia o una mano oportuna para finiquitar el festín. El pensamiento prescinde de cualquiera de esos elementos para hacer bullir la infinidad de terminales nerviosos que conforman el cerebro y lograr el orgasmo.
Unos lo llaman neurosexo, otros orgasmos mentales. Da igual. El punto culminante es idéntico a un orgasmo genital: descarga explosiva de placer, espasmos genitales que duran entre 10 y 40 segundos, aumento de la presión sanguínea, aceleración del corazón, dilatación de las pupilas, eyaculación masculina, lubricación femenina, etc. La misma escalada del placer y…
