Jamás se cuestionó estudiar otra cosa, porque la arquitectura era la herramienta clave que le permitiría crear, inventar y dar solución a problemas, usando la creatividad, por supuesto. Tuvo su primera cámara a los 23 años, una DSLR que, precisamente, compró mientras estudiaba Arquitectura, porque antes usaba la análoga que tenía su familia, de esas con rollo, que hoy son una especie de reliquia y que gustan a románticos y a fanáticos de inmortalizar grandes momentos y espacios inolvidables, como a Tomás. De naturaleza observador, asume que gran parte de su día está componiendo fotografías. “Muchas de mis fotos son con el celular, mi Galaxy Note 10+ de Samsung. En él están las cámaras que, finalmente, llevo a todos lados. Y en esa búsqueda de nuevos lugares por fotografiar me…
